Apolo 11 es el nombre de la misión espacial que los Estados Unidos enviaron al espacio el 16 de julio de 1969; fue la primera misión tripulada en llegar a la superficie de la Luna.
Los tres astronautas elegidos para la gloria fueron: Neil Armstrong, comandante de la misión, Michael Collins, piloto del Módulo de Mando y Edwin Aldrin, piloto del Módulo Lunar. La llegada del hombre a la Luna constituyó un hecho histórico sin precedentes, porque por primera vez se demostró de forma práctica y no teórica la posibilidad de que los seres humanos realizaran viajes a otros lugares de nuestro sistema solar.

Supuso también un logro tecnológico incomparable,
más aún teniendo en cuenta
el estado de la tecnología en los años 60. Por eso con el despegue
del Apollo 11 el 16 de julio de 1969 llegó el momento de la verdad para
las tres estaciones principales de la Red de Vuelos Espaciales Tripulados (MSFN)
y con la perspectiva que dan los 40 años que han pasado, se puede asegurar
que las tres estaciones hicieron un trabajo excelente.

A Fresnedillas le tocó uno de los momentos más críticos de toda la misión, en palabras de Armstrong fue el momento más importante, el alunizaje. El descenso del Módulo Lunar, el Águila, y el posterior alunizaje no estuvieron exentos de sobresaltos y dificultades. De lo primero que se dieron cuenta Armstrong y Aldrin cuando iban descendiendo es que se habían pasado el lugar previsto para el alunizaje. Después se confirmó que no tenían muy afinados los cálculos, debido a que la gravedad de la Luna es un sexto de la gravedad de la Tierra, y que realmente se habían pasado unos seis kilómetros.
Pero el descenso continuo, al igual que los problemas continuaron
surgiendo.
[Foto alarma 1202] A unos 1800 m sobre la superficie lunar una luz amarilla
parpadeante, acompañada de un pitido, apareció en el panel del
Módulo Lunar: “Alarma de programa, -espetó Neil Armstrong-,
es un (1202) doce-cero-dos, qué demonios es eso”. De no haber sido
por un chaval de 27 años que realmente sabía su trabajo, y por
supuesto el que las comunicaciones con Houston a través de Fresnedillas
funcionaron perfectamente, el alunizaje pudo haber sido abortado. Tardaron sólo
30 largos segundos en comprobar de qué se trataba y en asegurar a los
astronautas: “Seguimos adelante con esa alarma”. La alarma 1202,
al igual que la 1201 que también surgió después algunas
veces más, se trataba de un problema de capacidad del ordenador de a
bordo; estaba procesando tanta información que se colapsaba.
El descenso sobre la Luna continuó y a unos pocos metros, cuando ya podían
ver la superficie con claridad, a Armstrong y a Aldrin no les gustó lo
que vieron. La nave que descendía en automático les llevaba dentro
de un cráter lleno de rocas. Armstrong cambió el programa a manual
y tomó control del Módulo Lunar. Intentando buscar un buen lugar
para el alunizaje, el combustible de que disponían para el dscenso se
fue agotando. Desde Houston les comunicaron "60 segundos", era el
tiempo de combustible que les quedaba, y seguian buscando el sitio apropiado
para alunizar. Por último les comunicaron "30 segundos", y
el Águila seguia aún volando. El personal del Centro de Control
en Houston así como el de la Estación de Fresnedillas estaban
a punto de quedarse sin respiración, cuando unos segundos después
Neil Armstrong tranquilizaba a todo el mundo: "Houston, aquí base
de la Tranquilidad. El Águila ha alunizado".